Es fácil ver que vivimos en una generación que carece de fe y de esperanza. La mayoría siguen a quienes hacen el mal porque parecen ser los más prósperos. (Salmos 73).

El mundo en el que vivimos resulta escalofriante. La opresión lo alcanza todo: la economía, la política, la religión, la moral y el ámbito físico.

Tenemos que volver a Dios porque todo esto ha acarreado que lleguemos a acostumbrarnos a cosas que son incomparables con la Palabra de Dios, como por ejemplo pelarnos con el vecino. Esto está ocurriendo en todo el mundo. Seguimos luchando los unos contra los otros.

No importa de qué parte del mundo vengas, porque todos luchamos en batallas parecidas, solo que identificadas con nombres diferentes. La gente no sabe reconocer la fuente de sus problemas, y tenemos que darnos cuenta de que satán es el enemigo común, el responsable de nuestros problemas. Hasta que no te des cuenta de que hay poderes que doblegan a las personas cargándolas de cadenas, seguirás luchando en la batalla equivocada.

Efesios 6:12 dice que no luchamos contra carne ni sangre, sino contra aquellas entidades espirituales que provocan tensión y crisis en nuestras vidas. Si luchas contra carne y sangre, te estarás equivocando de objetivo.

En Hechos 16:18, el Apóstol Pablo cada sino que, en lugar de enfadarse con esa persona, dirigió su energía a la fuente. Durante el tiempo en que Jesús comenzó a hablar de su muerte y su posterior resurrección, Pedro quiso aconsejarle desde el punto de vista humano y Jesús, en lugar de rechazarlo diciendo “Apártate, Pedro” se dirigió directamente a la fuente y dijo: ¡Apártate de mi, satanás! Sabía que no debía luchar en una batalla equivocada.

Las verdaderas fuentes son el pecado y satán, ambos sinónimos, lo cual significa que el pecado es nuestro verdadero enemigo. Es decir que tienes que dejar de buscar enemigos humanos a los que plantar batalla, porque en ellos no está el origen de tus problemas. No eres una víctima de tus propias circunstancias.

Deja de señalar a los demás. Ni tus vecinos ni tus amigos son la causa de tus problemas.




Si satán está ejerciendo un control sobre ti, es gracias al pecado, porque una de las cosas que le concede autoridad sobre una persona es el pecado. El pecado es la raíz amarga. ¿Y quién nos tienta para que pequemos? Es Satán y esas otras entidades espirituales que provocan las crisis de nuestro hogar, de nuestra economía, de distintos aspectos de nuestra vida. Jesús dijo en Juan 10:10 que el ladrón solo se presenta para matar, robar y destruir. Eso significa que si hay algo que roba y destruye es tu vida proviene del pozo del infierno.

No se trata de esta persona contra aquella, sino del Espíritu Santo contra el espíritu del mal. Dios posee una naturaleza que invita a que confesemos en Él. El Espíritu del amor, de la integridad, de la bondad, de la dulzura, de la paciencia, del autocontrol y más son patrimonio del Espíritu Santo.

El odio, la envidia, la fornicación y los demás, son patrimonio del espíritu del mal. Cuando se trata de cuestiones delicadas no solemos darnos cuenta, pero cuando aprendemos a no luchar en la batalla equivocada, aprenderemos también que Jesús ama al pecador, pero odia el pecado. Es imposible amar a alguien sin odiar sus pecados. Si digo “Te quiero” pero por otro lado sigo alentando tus pecados, significa que mi amor no es auténtico, no es sincero, y no podrá soportar el paso del tiempo.

La vida no es un juego, sino un campo de batalla en el que solo quienes son centrados saldrán victoriosos.

La guerra está en el corazón porque el cristianismo también lo está. Necesitamos luchar contra las barreras o los obstáculos que se interponen entre nuestro corazón y el Espíritu de Dios, y solo Jesucristo puede eliminar esa barrera. Él vino a nosotros para liberar nuestros corazones del pecado y de satán, y esta liberación es cuanto necesitas para vivir la mejor vida posible.

Tienes que equiparte para la batalla. Si no lo estás, se debe a que luchas en una guerra equivocada.

Efesios 6:13-17 Aprovecha el equipamiento que Dios nos ha dado para explorar el mundo y para soportar el día del mal. El cuerpo que ves no es tu enemigo.

En 2 Corintios 10:4 se dice que nuestras armas no son carnales, sino poderosas en Dios. Por nosotros mismos no tenemos fuerza física o mental suficiente para detener a satán. Nosotros solos no podemos resistir el ataque siempre ingenioso de satán. El único modo de lograrlo es contando con la fuerza de Dios, estando protegidos por su armadura. Siempre que reconozcamos la justicia de Dios en Cristo Jesús, satán no tendrá nada que hacer. Lo peor que puedes hacerle a satán es ignorarle. En 1 Corintios 10:13, se dice que Dios es tan justo que no permitirá que te sientas tentado más allá de lo que puedas soportar.

Nuestro espíritu solo puede liberarse en función de nuestra devoción a la Palabra de Dios. Si tu espíritu no es libre, no podrá honrar o reverenciar la Palabra de Dios. Por eso solo serás capaz de detener a satán si te expresa tanto en Palabras como en Espíritu. Si el Espíritu no participa, entonces no es un sentimiento verdadero. Dios Todopoderoso en todas las eras, reúne una generación de alabadores espirituales. ¿Eres tú uno de ellos? ¿Luchas en al guerra correcta?

Jesucristo es la respuesta no solo a unas pocas sino a todas las cuestiones fundamentales de la vida. Jesús es la respuesta al mundo de hoy. Satán quiere que sigamos enfrentándonos los unos a los otros, que nunca comprendamos que verdaderamente, nos necesitamos.

Hechos 17:26 Dios nos hizo a todos de una misma sangre, a todas las naciones de la tierra; todos hemos de buscarle a Él. Da igual de dónde procedamos. Todos estamos conectados y nos necesitamos unos a otros, independientemente de cuál sea nuestra profesión, religión raza o antecedentes. No existe la raza perfecta. Del mismo modo que Dios ha diseñado las diferentes partes del cuerpo humano para que funcionen juntas, también ha planeado cómo diferentes individuos pueden contribuir al bienestar de sus hermanos. La boca necesita palabras, los oídos sonido, los ojos algo que ver y los pies lugares a los que caminar. Esa es la relación que existe entre todo lo creado, y la humanidad no lo es menos. Yo soy porque tú eres; tu eres porque yo soy.

Otras predicas que puedes descargarte del Profeta Tb Joshua en pdf.