Elena G White nació el 26 de noviembre de 1827 en Gorham, Estados Unidos. Su infancia y niñez temprana transcurrieron en el ambiente tranquilo y alegre de una armoniosa familia cristiana, como era el hogar de los Harmon.  Sin embargo, a la edad de nueve años, un terrible incidente rompió la paz familiar y afectó profundamente a Elena. Cierto día, al  volver de la escuela, una niña de más edad le arrojó violentamente a la cara una piedra.  Este trágico hecho no sólo le desfiguró completamente el rostro, sino que la tuvo inconsciente durante tres semanas y su salud quedó quebrantada, al punto de impedirle continuar su educación formal. La recuperación de Elena en el hogar de sus padres fue lenta y con altibajos. Sin embargo, el quebrantamiento de su salud no le impidió desarrollar su experiencia espiritual con Dios, pues busco insistentemente a Dios para obtener la seguridad del perdón de los pecados y de la salvación en Cristo.

El 26 de junio de 1842, de acuerdo a su propio pedido, Elena fue bautizada e incorporada como miembro de la Iglesia Metodista.  Entre 1840 y 1842, Elena y otros miembros de su familia asistieron a las reuniones adventistas que se celebraron en Portland, y aceptaron los puntos de vista de Guillermo Miller y sus asociados que anunciaban y aguardaban el inminente retorno de Cristo.  Elena se dedicó fervientemente a compartir este mensaje entre sus amigos y conocidos, en espera del gran acontecimiento.  Cuando llegó y pasó el 22 de octubre de 1844, fecha que había sido establecida correctamente en base a la interpretación de la profecía de Daniel 8:14, pero que los milleritas equivocadamente habían asumido que indicaba el retorno en gloria de Cristo,  el chasco fue grande y doloroso.

Elena y otros participantes del movimiento millerista no se desanimaron y continuaron orando para encontrar la voluntad de Dios.

La vida de Elena G. Wihite estuvo marcada por una activa e incesante actitud de transmitir lo que recibía de Dios, algo que queda reflejado en sus libros y cantidad de artículos escritos por Elena.

Algo que impacta no sólo al creyente adventista que lee los escritos de Elena de White, sino incluso al lector informado y ajeno a la fe adventista, es la sobriedad, equilibrio, sensatez, y amplitud de visión que en ellos se manifiesta.  La lectura y estudios de sus escritos sobre asuntos educativos han conducido a la implementación de reformas educativas y a la implantación de sistemas educativos que han recibido reconocimiento a nivel internacional.  El “estilo de vida adventista” por ella patrocinado.



La Iglesia Adventista del Séptimo Día reconoce la manifestación del don profético en la vida y obra de Elena de White, pero sostiene la autoridad de las Sagradas Escrituras como la norma de fe y de práctica a la cual debe sujetarse toda doctrina de la Iglesia, así como todo aspecto de la vida de la Iglesia y de cada creyente.

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