Corintios 12:3 “Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo”.

Gracias al Espíritu Santo puede decir “en el nombre de Jesús” y gracias al poder del Espíritu Santo, ustedes pueden contestar Amén. ¿Estás diciendo “Amen” gracias al Espíritu Santo? ¿Estoy diciendo yo, “en el nombre de Jesús” gracias a la intervención del Espíritu Santo?

Juan 3:31-32 “El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos. Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio”.

El que dice “en el nombre de Jesús” con la ayuda del Espíritu Santo es el que viene de arriba. El que viene del Cielo, es sobre todos. ¿Por qué? Porque es dócil, pacífico y humilde y se mantiene apartado de todas las impurezas de este mundo. Estas son cosas que no se pueden comprar en el mercado. No se pueden adquirir estas cualidades en la escuela de teología o en ninguna otra parte; solo nos son dadas por la gracia. No hay escuela donde se impartan esas materias. No las podemos aprender. Solo pueden cultivarse en la universidad de Dios.

Aquellos que tienen esas cualidades actúan siempre obedeciendo a una sugerencia que les llega del Espíritu para que la acción sea realizada. Cada paso que dan, cada acción que acometen, cada movimiento que realizan; si van a hablar, ha de llegarles una sugerencia de lo alto antes de poder pronunciar una palabra. No hablan por su propia iniciativa. Si quieren mirar o girar, ha de haber tenido esa sugerencia. Lo llamamos “Poder correspondiente”. Esa inspiración procede siempre del Espíritu del Padre. Si quien sentarse, antes de hacer el movimiento, tiene que haberles inspirado desde lo alto. Si quieren levantarse, deben escuchar de lo alto. Para poder decir “en el nombre de Jesús” deben escuchar de lo alto. Lo llamamos “indicio”. Un indicio es lo que les llega del Espíritu para hacer esto o lo otro: un indicio de la gracia que habita dentro. Dios mismo es quien inspira al Espíritu para que hable, es decir, el Espíritu de Dios. Dios mismo inspira al Espíritu para que haga esto o aquello, y a esto lo llamamos la voluntad de Dios. Es decir, la promesa de Dios: hemos de conocer su voluntad antes de orar. Su voluntad debe manifestarse ante nosotros.

El que viene del cielo odia el pecado pero ama al pecador. Cuando sabemos cuál es nuestra posición como cristiano y que nivel ocupamos en los asuntos del Espíritu, te humillarás. Que una persona no sea cristiana no quiere decir que no pueda ser el destinatario de un milagro. Esos milagros tienen la finalidad de convencerte de que aceptes más a Jesús.

Nadie puede decir “yo soy cristiano” sin la ayuda del Espíritu Santo. El mundo cristiano emana de Cristo en sí mismo, Cristo es Espíritu y quieres lo adoran han de hacerlo en Espíritu y en verdad (Juan 4.24). Con la ayuda del Espíritu Santo no hay tentación, ni problema, ni persecución que pueda acorralarnos excepto las que son comunes al hombre, porque el Espíritu es siempre fiel y nunca te abandonará. Si Él es consciente de nosotros, nunca nos dejará solos. La razón de tanta crisis, de que las tentaciones parezcan detenernos, destruirnos, perjudicarnos y colapsarnos es porque no somos cristianos mediante la ayuda del Espíritu Santo. Con Él a nuestro lado, las batallas nos harán más fuertes.



Conozco a mucha gente que expresa el deseo de sentirse llena del Espíritu. Yo aplaudo ese deseo, pero hay un problema. La principal dificultad es que debes estar fundamentado en la Palabra antes de que seas lleno del Espíritu, ya que, de otro modo, no habrá nada por lo que el Espíritu te pueda recordar; estarás vacío.

Tenemos la sabiduría, la gracia y el poder para decir Levántate y anda, pero sin el Espíritu de Dios, todas esas capacidades permanecerán latentes, inactivas. Es el Espíritu de Dios lo que las dota de energía. Cuando el Espíritu es quien nos dice: “llama al nombre de Jesús”; nosotros decimos “Jesús” y funciona. Sin embargo, imitas a los demás, te comparas con los demás porque no cuentas con la ayuda del Espíritu. Cuando el Espíritu te ayuda, te ayuda a hablar, a girar, a hacer todo, incluso a comer. Pero cuando no estamos llenos del Espíritu miramos a los demás para saber cómo actuar, lo hacemos por sí solos.

Cuando uno no está fundamentado en la Palabra, no habrá nada por lo que el Espíritu nos pueda recordar. Cuando recibes la Palabra de Dios, hay algo que la hace funcionar, y ese algo es el Espíritu. La Palabra de Dios es una herramienta en las manos del Espíritu Santo. no puedes dejar una herramienta sobre la mesa y esperar que funcione sola. Hemos de espuñarla y utilizarla. Si no tomamos el machete en la mano y lo hacemos cortar, por si solo no cortará. Del mismo modo, el Espíritu Santo pone la Palabra a funcionar, la hace actuar.

Cuando eres lleno del Espíritu, hay algo para que Él pueda usar. Las herramientas están ya allí para que el Espíritu las utilice. Pero si no hay herramientas disponibles y el Espíritu llega, no tendrá nada que pueda utilizar.

El Espíritu sera liberado hasta el grado en que permanezcas en reverencia, en honor a Su Palabra. Cuanto más reverenciemos, obedezcamos y honremos la Palabra, más fluirá el Espíritu de Dios hacia nosotros. La Palabra de Dios refresca nuestro pensamiento mientras que el Espíritu de Dios renueva nuestras fuerzas. Si solo nos refrescamos, no conseguiremos llegar lejos. No lograremos ser liberados. Necesitas renovar tu fuerza. Eso es lo que la palabra renovación significa: “Las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 de Corintios 5:17).

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“El poder de lo Alto”

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El poder de lo Alto

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